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La escalera de la evasión

27 oct

La Fundación Miró de Barcelona, en colaboración con la Tate Modern londinense, presenta la exposición “La escalera de la evasión”, una muestra retrospectiva de Joan Miró (Barcelona 1893, Palma de Mallorca 1983), la primera en nuestro país después de más de veinte años, para la que se han reunido 176 obras del genial artista procedentes de todo el mundo.

La escalera de la evasión ha sido proyectada en orden cronológico y abarca toda la trayectoria de Miró, haciendo énfasis en su compromiso con la difícil situación social y política que atravesaba el país. Para ello, sirve de hilo conductor la escalera, una escalera que el propio artista denomina de la evasión, un elemento simbólico recurrente con el hace referencia a la necesidad de escapar de la realidad.

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Perro ladrando a la luna, 1926

Abren por tanto el recorrido sus obras más tempranas, una época en la que Miró estaba fuertemente anclado a su Cataluña natal y en la que sentía un fuerte vínculo con el mundo rural. De este período destaca La Masía (1922), donde pinta la tierra de Mont-roig en la que entonces vivía como si de una particular Arcadia se tratase. Ésta es, sin duda, su primera obra importante, una magnífica tela que combina en perfecta sincronía la síntesis y el preciosismo en los detalles.

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La Masía, 1922

También de estos primeros años se encuentran las Cabezas de payés catalán (hacia 1925), un tema que Miró trató de forma repetida y a través del cual se puede explorar la evolución del proceso de síntesis en su pintura, desde las representaciones más generosas en referencias hasta su condensación total.

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Cabeza de payés catalán, 1925

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Cabeza de payés catalán, 1924

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Cabeza de payés catalán, 1925

A comienzos de los años 30, ante la crispación política del momento comienza una serie de obras pintadas sobre cobre y masonite en las que su malestar se hace manifiesto. De esta época destaca Hombre y mujer frente a un montón de excrementos (1935), una obra premonitoria , como sucedería poco más tarde con la obra de Salvador Dalí Premonición de la Guerra Civil (1936), donde dos figuras, como dos hermanos enfrentados, se representan en medio de un paisaje desolador.

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Hombre y mujer frente a un montón de excrementos, 1935

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Premonición de la Guerra Civil, Salvador Dalí, 1936

En 1936 estalla la Guerra Civil y la obra de Miró refleja invariablemente tristeza y preocupación. Sin abandonar la fuerza de los colores primarios, los ocres se hacen sin embargo dominantes, al tiempo que las superficies se llenan de arena, adquieren una superficie matérica y se imprimen de gestos feroces, transmitiendo la ansiedad y desolación que le provoca el conflicto.

Naturaleza Muerta del Zapato Viejo (1937) es la pieza más emblemática de este período. Una sensación de angustia domina todo el lienzo. El zapato viejo, el triste mendrugo de pan, el tenedor desproporcionado… son símbolos que llenan la escena de desasosiego, una sensación intensificada por la fuerza de los colores vivos que destacan sobre el fondo negro de la tela.

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Naturaleza muerta del zapato viejo, 1937

Tras la Guerra Civil comienza la aterradora dictadura franquista, un régimen de represión y miedo durante el cual Miró decidió regresar a España y recluirse en un exilio interior. En estos años la evasión es más necesaria que nunca y recupera la representación de la escalera como símbolo en varios dibujos y en el lienzo Mujer soñando con la evasión.

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Pintura-poema ("Una estrella acaricia el pecho de una negra"), 1938

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Mujer soñando con la evasión, 1945

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Desnudo subiendo la escalera, 1937

En los últimos años de su vida, afincado en Mallorca, su obra da un nuevo giro. Influido por el expresionismo abstracto americano, entonces dominante, sus obras ganan en dimensiones y se hace más evidente la importancia del gesto, del trazo como medio de expresión. Al mismo tiempo, persigue la máxima sencillez en la expresión de los estados de ánimo, y toma especial importancia el vacío, muy probablemente debido a una influencia del arte japonés que admiraba.

Pintura sobre fondo blanco para la celda de un solitario I, II, III (1968) es una de las obras más sobrecogedoras. Tres grandes lienzos de fondo blanco que se ven surcados por una gran línea negra construida por la superposición de pequeñas pinceladas, como si una gran fila de hormigas lo recorriese, y con el que, en palabras del propio artista pretende “conquistar la sencillez”.

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Pintura sobre fondo blanco para la celda de un solitario, 1968

En La esperanza del condenado a muerte I, II, III (1974) se revela una vez más el fuerte compromiso de Miró con la situación política de su tiempo. Mediante líneas simples Miró expresa la tensión y la rabia contenida frente a un hecho que le indignaba profundamente, la ejecución del joven anarquista Salvador Puig Antich, condenado por la dictadura franquista.

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La esperanza del condenado a muerte, 1974

Esta retrospectiva se completa con un ciclo de conferencias y actividades y con una exposición paralela en el Museo d’Historia de Catalunya. Además, con la entrada a la exposición se entrega un pase anual para visitar de forma gratuita la Fundación Miró.

Más información:

www.fundaciomiro-bcn.org

FUNDACIÓ JOAN MIRÓ, PARC DE MONTJÜIC, BARCELONA

Del 16 de octubre al 18 de marzo

10€

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